lunes, 27 de octubre de 2008

Ese pequeño placer

Las cebras ese pequeño placer del peatón.

No tengo auto. Ya quisiera... es mas, tengo acalambrado a quien me escuche sobre mi necesidad de comprar uno. Básicamente mi escala de satisfacción en la vida esta basada en tenerlo o no. Pero esa es otra historia. La de hoy, es sobre esa pequeña maravilla que nos acompaña en buena parte de nuestras esquinas capitalinas: la cebra.

Una duda, la cebra (las que se pintan en el piso) se escriben como las cebras de las sabanas africanas? Tendré que consultar el mata burro. Pero volviendo al tema, no encuentro mayor placer que hacer uso de todo el derecho del peatón cuando cruzo una de ellas. Y es que en la ciudad los automovilistas se creen dueños y señores de las calles y cuando se enfrentan a un peatón no respetan nada; ni sendas peatonales, ni esquinas con ceda al paso y/o cartel de pare, incluso algún que otro semáforo se comen. Pero... por esas cosas sospechosas de la vida, como que le tienen cierto respeto al bichito ese rayado que se tira en las esquinas.

Y es en ese momento en que hago valer todo mi derecho y cruzo tomandome TO-DO el tiempo del mundo. Ni por asomo me molesto en amagar un trotesito. Ni en sueño mi mano sale del bolsillo, para agradecer con un gesto el hecho de que el automovilista de turno se haya visto obligado a sucumbir ante las rayitas en el piso. Camino pausada y langidamente, incluso miro al conductor y esbozo una sonrisita para que tenga bien claro que no pienso mover un musclo mas de lo necesario. Dicen que la felicidad se logra aprovechando las pequeñas alegrias que nos da la vida... Es por eso, que los invito a disfrutar de esta pequeña felicidad que nos regala las reglas de la circulacion vial. Disfrutemos, al menos por unos segundos, ser un peatón.